Revisaba el Netflix cuando lo encontré

Pertenezco a
esa generación de los primeros mochileros, quiénes, a mediados de los sesenta,
recorríamos “a dedo” América. Todavía conservo parte de ese espíritu de
búsqueda .Mientras íbamos construyendo
nuestra parcela en el mundo profesional mi generación lo fue perdiendo. Al profundizar
su posición también iban enterrando “su capacidad de sorprenderse”. Conservar esa
actitud fue lo que me hizo descontratar recientemente el cable, este me ofrecía “tantas cosas interesantes” pero al mismo tiempo me encadenaba a horarios, contenidos, etc. Esa misma
actitud admiro en los muchachos”milenians -tengo cinco hijos en ese estado- la libertad respecto al uso del tiempo y al empleo, -conscientes
de sus capacidades- tan mal evaluados por los
adultos instalados.
Por eso cuando encontré en Netflix una serie
de seis episodios sobre “Camarón
de la isla” la puse en mi lista y anoche vi el primer episodio. Me
recordó Sevilla, cuando realizaba el
pos-grado, y Camarón era la revelación
del momento, y no sólo de ese momento, sino había llegado para quedarse como
uno de los consagrados del “ cante jondo”.
Fue mi
arrendataria quién sin darme cuenta me inicio en el gusto por el flamenco, ella
era una muy destacada profesora de cantaoras
y bailaora: Adelita Domingo. Fui a su gala de final de año y hasta me invito a
participar en su Academia. Me excusé aduciendo las responsabilidades del
doctorado. Fue una necedad porque siempre había tenido interés por el baile.-cuando tenía 12
años quise integrar una
clase de ballet, pero para el consenso social de nuestra familia no era
adecuado. Esa misma cerrazón de mente respecto a la práctica de
las artes me había llevado poco
antes de partir a España a negarme a ser
modelo de retrato de un destacado pintor, cuyo
departamento arrendaba por entonces. Ahora entiendo ; me encontraba
totalmente abocado a construir mi parcela en el competitivo mundo de
los intelectuales universitarios, y eso emasculaba cualquier otra
actividad ajena al ámbito.
Me tomo
mucho tiempo superar esa actitud y fue en el ámbito del arte-al que finalmente
he llegado- donde conseguí esa libertad. Tal vez ahora, ya viejo sea el tiempo
de iniciar las clases de flamenco. No estaré en competencia ni con Camarón ni
con Roció Jurado o Cristina Hoyos-egregias alumnas de la Domingo - pues en
esto de los sueños- y eso es una herencia de nuestros “milenians”- no estamos en competencia
con nadie.
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