Mochilero en la ciudad propia.


                                                                             
Tuve una semana agitada. Recientemente había vuelto de Lima. Recorrí aquella ciudad con ojos ansiosos, gozando diversos aspectos: museos, parques, espectáculos, la comida - asunto muy trajinado y mejor vendido. Ahora en Santiago me pregunté:¿qué pasaba si iba con los mismos ojos  a visitar mi propia ciudad? 


La ocasión se suscitó cuando recibí por Twitter  la invitación a participar en el Seminario de los Detectives de la Luz, organización fundada en Japón ahora de corte global, la cual llama a la ciudadanía dialogar activamente sobre arquitectura e iluminación de sus espacios. Como  escribí en una  entrada anterior participe en una evaluación del Barrio París-Londres.
Al día siguiente fui a ver qué pasaba en el V simposio Internacional de escultura financiado por un grupo de] Cementerios Nuestros Parques. Iniciativa privada que no debo cansarme de agradecer. Excelente. (También descrita en el blog) Al otro día empezaba la fiesta de la Luz como celebración del cumpleaños 125 de un Banco. Actividad público-privada, multitudinaria en que se iluminaron algunos edificios patrimoniales y sitios de la ciudad.
La gente estaba gozando con la luz y las imágenes  proyectadas en las fachadas. Al fin  parece estamos entendiendo para qué se enriquecen las naciones. La fiesta duró cuatro días. Hubo iluminación tradicional resaltando desde la finura de las líneas del edificio o estatuas escondidas en el parque, hasta proyecciones que daban vida a las fachadas-aunque no siempre pude entender el relato. Me impresionó la disposición de las gentes, estaban sorprendidas, alegres y comunicativas. El aporte de esta experiencia no fue solo ver hermosas iluminaciones, sino el sorprenderme ante la actitud de  los santiaguinos, a quiénes casi siempre  vemos inhóspitos, ciertamente hostiles mientras marchan o vuelven al o del trabajo,  (dos horas en la locomoción publica).Me alegró ver a mi gente” en otra”.
Anteriormente sólo había visto esta disposición con ocasión del día del Patrimonio, aunque la gente se veía entonces más pausada, compartían, sin embargo, la tranquilidad que da el participar de una actividad sin fines utilitarios : sólo el gozar de la contemplación. También me sorprendió otra actitud: las personas, apenas se iniciaba el espectáculo comenzaban a filmar, como si el registro de la acción fuera la acción misma, y no una “experiencia vicaria”, y además, la mayoría filmaba en formato vertical, cuando la disposición del objeto se resaltaba mejor en el horizontal. Eso  muestra la rudeza de la  formación plástica de nuestros ciudadanos, y deja una evidencia clara: los artistas plásticos no hemos hecho nuestro trabajo de enriquecer  su experiencia visual.
Para finalizar me entero de la semana de  Arquitectura Film Festival donde se exhibirá la película de Niemand sobre el boliviano Freddy Mamani. En dos anteriores viajes como mochilero a ese país me había sorprendido el surgimiento de esta nueva arquitectura.
Freddy sin ser profesional graduado ha revolucionado el hacer arquitectónico en el Alto trayendo la experiencia visual  de su pueblo aymara a la construcción de edificios.
Este toque cultural genuino que interpreta particularmente a la burguesía aymara ascendente ha disgustado sobremanera a la oligarquía y el “establecimiento” profesional el cuál-aún más que en Chile- siempre está queriendo ser de otro modo: ya más europeo o ahora norteamericano.
Una semana intensa donde ejercité el poner los espacios conocidos bajo una luz nueva, ese es, pues, una parte de la experiencia enriquecedora de ser mochilero, y de viejo!



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